La universalidad de los sentimientos – Germán y Maite

Cuando llevas varias  bodas fotografiadas a tus espaldas te das cuenta de muchas cosas. Entre ellas la que más me ha impactado ha sido la universalidad de los sentimientos. Y es que da igual que la boda sea en Madrid, en Guadalajara, en Oviedo, o en cualquier ciudad de Europa, Estados Unidos, o en el rincón más apartado de Australia.

Los sentimientos son universales, preciosos e incontrolables, Y se muestran de mil maneras diferentes, en cualquier momento y sin previo aviso. Y es que es muy difícil controlar las lágrimas cuando tu hermana se pone recordarte, el día de tu boda y delante de todos tus amigos e invitados, toda tu infancia, O como te encargabas de ayudarlas a hacer los deberes, o peor aún se dedican a sacar los trapos sucios de tu pasado.

Y es que Germán, A pesar de ser una persona tranquila y que controla muy bien sus sentimientos, no tuvo más remedio que derrumbarse y una lágrima cayó por su mejilla cuando su hermana le dirigió aquellas palabra.

Pero no todo son lágrimas en una boda ni mucho menos. Maite, la otra «media naranja» de Germán estalló en risas cuando sus amigas le recordaron mediante un montón de regalos, su pasado con ellas.

Las risas, los lloros, los nervios, los gritos, no son sino la manifestación de todo lo que implica una boda, que es mucho, y es que, a fin de cuentas, no deja de ser nada más que la organización de una gran fiesta. Un día y una noche inolvidable para compartir con todos tus amigos y seres más cercanos.

Así es como se lo plantearon Germán y Maite, como una jornada para compartir su alegría con los que más querían y quieren, y diseñaron todo para realmente pasarlo bien, ¡incluso tuvieron una batucada en el restaurante que animo la fiesta hasta la hora de entrada al salón para cenar!.

La cena y el convite fue en el restaurante Los Girasoles, en Guadalajara, por si alguno le quedaba alguna duda acerca del mejor sitio para celebrar la boda de esta pareja que tiene tanta pasión por los girasoles.