Cosas que he aprendido este año haciendo bodas – 1ª parte

Éste va a ser uno de esos post medio personales, medio profesionales donde voy a exponer, o al menos tratar de hacerlo, un poco de mi filosofía a la hora de hacer fotografía de bodas.

Como llega fin de año y es momento de mirar hacia atrás, si bien mi temporada no ha terminado aún gracias a dos estupendas personas a las que tengo que agradecer una boda dentro de quince días, pero digamos que en todo este año he aprendido unas cuantas cosas que, si no os importa, me gustaría compartir con vosotros.

 

 

1.- Emocionarse en las bodas está más que permitido. Creo que es algo contra lo que luchamos, en general, a día de hoy, todos. Parece que está feo emocionarse, que no está bien llorar, que no está bien soltar una lagrimilla o sentir ese nudo en la gargante que no te deja hablar o respirar.

Yo he de confesaros que me ocurrió algo así en la boda de David y Ainhoa (de la cual pondré las fotos muy prontito),  y el momento fue cuando la persona que les casó comenzó a recitar una poesía que mi madre leyó el día de mi boda, en concreto un pasaje del poeta Khalil Gibrán sobre el matrimonio que viene a decir esto:

«Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.
Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.
Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.
Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.
Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Las cuerdas de un laúd están solas, aunque tiemblen con la misma música.
Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.
Y estad juntos, pero no demasiado juntos. Porque los pilares del templo están aparte.
Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.»

Yo estaba detrás del todo, llorando como una magdalena, y , sinceramente, lo volvería a hacer si me vuelven a leer ese pasaje. Y es que el llorar en una boda es algo natural, son muchos sentimientos, muy intensos, en muy poco periodo de tiempo, y los que hacemos fotos no somos ajenos a todo eso, sino más bien al contrario, al captar lo que allí pasa nos introducimos en todo ese ambiente y algo siempre «se nos cuela».

 

 

2.- La mejor forma de no tener problemas es siendo totalmente sincero. Como en las entrevistas de trabajo, que a fin de cuentas es de lo que va esto, de que te entrevistes con tus clientes y ellos te contraten, una entrevista y prueba de acceso cada reunión con ellos.

Y es que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, o peor, te pueden poner a correr la marathon siendo cojo, y eso, creedme, no es deseable.

Yo soy sincero de entrada, lo que hago, lo que NO hago, como maqueto, como NO maqueto, como proceso, como NO proceso (lo remarco porque creo que es improtante saber decir que NO, algo a lo que no estamos muy acostumbrados en este país). Y eso me evita problemas, con las bodas, las sesiones de familias y sobre todo, con los boudoirs.

Y es que no hay nada peor que no ser sincero con unos casaderos, jóvenes (o no tanto) con ilusiones que es la primera vez que se casan (o no) y que confían en ti, porque, a fin de cuentas, has visto más bodas que ellos casi seguro. Y no digo que haya gente que mienta, pero si que es verdad que no se dejan los límites claros y, claro, luego vienen los problemas, las tardanzas y el «tu me dijiste que…» o el «aunque no figura en contrato, podrías…».

Sinceridad, clara, meridiana, sin trampas, sin cartón, sin el IVA aparte, todo junto, empaquetado y listo para abrir y consumir.

 

 

3.- Mis nervios son míos y de nadie más. Cuando llego a la casa de la novia, que es por donde suelo empezar el reportaje casi siempre, ocurre algo muy similar en todas las casas: Un torbellino de emociones y de nervios flota en el ambiente, a saber, gruñidos, gritos, lloros, la mamá atacada, la tía histérica, la novia ocupándose de todo (por cuarta vez), el padrino sin vestir, la mujer del padrino persiguiéndole para que se vista…vamos, como el camarote de los hermanos Marx, pero a la española.

Y ahí te encuentras tú, con el nervio de que tu trabajo ha de salir bien, porque los fotógrafos de bodas tenemos una GRAN responsabilidad, así, con mayúsculas. Y es que nuestras fotos no se pueden repetir, la lágrima de la mamá del novio o el beso apasionado de recién casados sólo ocurre una vez, y no se puede hacer un «bis». «Just in time» que dicen los ingleses. Y a veces ese peso se traduce en muchos nervios, de esos que no te dejan dormir la noche de antes, de los que hacen que estés algo susceptible ante cualquier nimiedad.

Pero esos nervios se tienen que quedar en el coche, o en la mochila, o en la tapa del objetivo que acabas de quitar y que te metes en el bolsillo. Mis nervios son míos, y de nadie más. Es el día de los novios y yo estoy allí para hacérselo todo más facil, es parte de mi labor, no estoy ahí para contribuir, un poco más, al estado general de nerviosismo, sino para ser la balsa de aceite donde ellos se puedan apoyar. A fin de cuentas soy la persona con la que van a estar todo el día y el menos «ligado» a todo el evento de los que les rodea, por lo que echarles una mano siempre reconforta y , además, se suele valorar mucho. Ya se sabe, si no eres parte de la solución, eres parte del problema.

 

4.- Las fotos son para recordar el momento, no para la revista Vogue. Y con esto no quiero decir que no se hagan fotos bonitas, posadas o de portada de revista, ni mucho menos. Pero ese día es especial y seguro que lo queréis recordar como algo vuestro, no como algo que escenifican dos maniquíes de cuerpos perfectos y piel de porcelana que os miran desde las páginas del álbum de boda en el que pone vuestros nombres y la fecha en la que os casásteis. Es por eso que siempre aviso (volviendo al punto dos) que los retoques fotográficos que realizo no incluyen «pulir la piel» o «eliminar diez kilos de tripa y poner dos tallas más de sostén», sino algo básico, sencillo pero con un toque de «magia» que haga que la foto resalte, pero que no cambie la esencia de lo que va dentro, que no es otra cosa que vosotros el día de vuestra boda.

 

Y por hoy creo que ya os he escrito suficiente, habrá otro capitulo antes de final de año de lo que he ido aprendiendo y que me gustaría compartir con vosotros, porque creo que os puede ayudar a comprender, un poco mejor, mi punto de vista con respecto a la fotogafía de bodas.

One thought on “Cosas que he aprendido este año haciendo bodas – 1ª parte

  1. Victor, impresionante. No sé si sabes quien soy, me llamo David Esteban y soy el hijo de Agustín, socio de la agrupación. Quizás te suene de haberme visto en alguna de las actividades que organiza la AFGU. Sólo quería comentar para felicitarte por tu trabajo, sigo tus fotografías muy de cerca, las valoro mucho porque a pesar de llevar «4 días» con esto de la fotografía, considero que lo más importante es plasmar en ese formato los sentimientos que muestra la vida, y esto puede llegar a ser muy difícil, y cuando hablamos de «fotos únicas» como en las bodas a mi me resulta impresionante.

    Sólo eso, enhorabuena por tus trabajos en bodas, boudoir, etc. Mucha suerte para las Jornadas Solidarias de este fin de semana, que vaya todo genial.

    Saludos.

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