El sabor de la tierra – Preboda alcarreña

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Dicen que no hay nada como el sabor de la propia tierra, de la gente con la que vives toda tu vida y que marca tu carácter y tu forma de ser. Y aunque también es cierto que uno no es profeta en su tierra normalmente, siempre da mucho gusto el que confíen en ti tus compatriotas.

Y es que, aunque a veces se nos resiste un poco Guadalajara, en el fondo, somos alcarreños de pura cepa, y eso se nota…

Un breve vistazo a las fotos de esta preboda alcarreña, con MariaJo y Rafa, en un lugar emblemático de mi querida Guadalajara, El Poblado de Villaflores (que yo toda la vida he llamado El Sotillo, aunque no sea correcto del todo).

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[Previo] El amor de su vida – Preboda en el Parque del Capricho – Maria y Carlos

Conozco a María desde hace casi 20 años, hemos sido compañeros de clase, perfectos desconocidos, compañeros de fiesta y ahora voy a ser el fotógrafo de su boda el próximo día 21 de junio.

Se casa con alguien que la hace feliz, maravillosamente feliz, y eso es lo más bonito que le puede pasar a uno. Y por eso recojo en el título la frase que me dijo cuando íbamos caminando por el parque del Capricho durante la preboda que hicimos este domingo pasado: «Yo se que carlos es el amor de mi vida y la persona con la que quiera pasar el resto de ella».

Así que os dejo con un adelanto, breve pero intenso, como el buen café, para que vayáis haciendo boca del resto de las fotos.

Victor Saboya Fotógrafo de bodas en Guadalajara, Madrid y España. Preboda en el parque del Capricho

Victor Saboya Fotógrafo de bodas en Guadalajara, Madrid y España.  Preboda en el parque del Capricho

Victor Saboya Fotógrafo de bodas en Guadalajara, Madrid y España.  Preboda en el parque del Capricho

 

 

Loco, loquísimo. Una de las razones por las que hago prebodas.

Así es como hay que volverse de vez en cuando, un poco loco y dejarse llevar por las pasiones, por las risas, por es estado de mente alterado que hace que las cosas te den un poco más igual y que te relajes.

Y es que cuando trabajas con gente lo más importante es hacer que se relajen, porque no es nada fácil estarlo cuando tienes tres kilos de «hierro negro» apuntándote a la cabeza mientras el que está detrás te dije «Nah, vosotros tranquilos eh…que esto no duele».

Ya, si doler no duele, pero asusta mucho. Tanto que las sonrisas salen forzadas, que las muecas quedan extrañas y que, alguna vez me ha pasado, la persona a la que fotografías se pone a temblar como un flan en un tren (literal, pensaba que le daba algo).

Ésta es una de las razones de hacer la preboda, de vernos antes, de chatear, de mandarnos whatsapps (o wasabis), de comentar en el Facebook, de , en definitiva, interactuar con el «cliente», para que deje de ser sólo cliente y pase a ser compañero, conocido, amigo y cómplice nuestro.

Esto no quiere decir que me pase la boda o la preboda «haciendo el ganso», aunque si os queréis reír un rato, hacedme subir a cualquier sitio, que con lo torpe que soy seguro que acabo en la acequia o en el pozo de al lado de donde me haya subido, pero si que me gusta hablar con vosotros, distender el ambiente, tener chistes privados a los que, en un momento determinado poder recurrir para arrancaros una sonrisa y hacer que, por un momento, se os olvide vuestro odio infinito hacia ese miembro de vuestra familia que, el día de vuestra boda, ha decidido que ponerse una camiseta amarilla con un lema poco agraciado es ir de etiqueta, tal y como vosotros habíais puesto en la invitación que tantas horas y desvelos os llevó seleccionar.

Así que, si queréis que vuestras fotos del día de vuestra boda sean más naturales, distendidas y divertidas, dejaos llevar, volveos un poco locos, que es vuestro día y todo está permitido, o casi todo vaya. Así que, relax, ¡y volveos locos!

Eso si, tened cuidado, que si hay al acecho algún fotógrafo de bodas, ¡podéis acabar inmortalizados para la posteridad.!

Desde Madrid con amor, una boda en un castillo en Oviedo.

¡Nos vamos de boda a un Castillo! Le dije a Carlos Vaquero el día que le llamé para que me acompañase hasta Oviedo a hacer fotos a Lucía y a Tarkil (que en realidad se llama Tomás, pero como nos conocemos desde hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana…pues para mi siempre será Tarkil).

Y allí que nos fuimos, al verde Oviedo, desde Madrid. Dos fotógrafos de bodas de Madrid (bueno, y alrededores, vamos, de Guadalajara que es el que escribe y suscribe) cogiendo el tren para cruzarnos España, que anda que no nos gusta viajar, para acabar en el precioso Castillo de San Cucao, rodeado de gente guapa, sencilla y algo friki.

Y es que Lucía no quería una boda «al uso», quería algo espectacular, digno de un cuento, de una fantasía, de algo mágico. Y por eso cuidó hasta el ultimo detalle, empezando por el vestido diseñado y elaborado con mucho cariño por Maya Hansen y acabando por el maravilloso emplazamiento del Castillo de San Cucao.

Y con todos estos ingredientes nada pudo ensombrecer el gran día, aunque el tiempo lo intentó y algo nos llovió, pero dio igual, pues el amor puede contra viento y marea, y Lucía y Tarkil se querían demasiado como para dejar que nada estropease aquel momento de darse el «si quiero» delante de sus amigos y familiares más queridos.

Una boda tranquila, bonita, sosegada, alegre, divertida, marchosa, pasada por agua, con chucherías, con amor, con momentos especiales, con «chonis sutiles», con la madre del novio, con la de la novia, con duelos de espadas, motosierras y mucha lágrima fácil, con risas, bogavantes asesinos y faltosus sin querer serlo, en definitiva una boda de las que marcan y mucho.

Una boda donde aprendí muchas cosas de mi mismo, de mis clientes, de la relación tan especial que une a un fotógrafo de boda con su pareja cuando esa pareja te contrata porque les encantan tus fotos, porque les apasiona tu trabajo y porque creen en ti como una pieza más de un engranaje perfecto para que todo salga redondo.

 

Peluquería: Carlos Pichel | Vestido de la novia: Maya Hansen | Restaurante y ceremonia: Castillo de San Cucao (Oviedo)

 

 

 

Un pequeño cuento de hadas en el norte de Madrid – Preboda de Lucía y Tarkil

Hoy os voy a contar un cuento, de esos de princesas y princesos, de esos de hadas y de gente que mola mucho con barba y bigote y frases épicas. O mejor dicho, hoy os voy a contar la primera parte del cuento, que la segunda ocurrió en otro lugar de fantasía llamado Oviedo, pero no adelantemos acontecimientos…

Había una vez, en un sitio idílico en la sierra de Madrid, un Monasterio llamado de El Paular, en la bellísima población de Rascafría. Y allí que se fueron los dos protagonistas de esta historia, junto con un aguerrido fotógrafo de bodas que llevaba la difícil tarea de conseguir hacerles fotos, y es que nuestros dos protagonistas ODIABAN, así con mayúsculas, las fotos.

Y así, nuestros tres amigos tomaron ruta, partiendo desde el Monasterio y rumbo hacia el llamado embarcadero de los Finlandeses, un pequeño reducto de calma, paz, y una bonita caseta de madera que parece más grande en las fotos de lo que en realidad es.

El caso es que nos perdimos, acabamos en una especie de presilla donde corría el agua y donde sufrí un ataque de ganas de tirarme de cabeza con las dos cámaras, porque uno es así, impulsivo diría yo, torpe diría mi mujer.

Pero tras un paseo de media hora, preguntarle a un señor que iba por un camino de cabras en vez de por el camino principal y darnos un par de vueltas y pasar el puente del troll, conseguimos llegar al pequeño embarcadero con la cabaña de madera y un pequeño charco al que denominaremos «lago» por no romper la épica del relato.

Y conseguimos hacerles fotos a los dos jóvenes enamorados, y que se gustasen en ellas, y que le perdiesen el miedo a hacerse fotos. Y también conseguimos comernos un cochifrito y un pisto en Rascafría, pero esa será otra historia que deberá ser contada en otro momento…

 

 

    

7 de septiembre, San Fermin! – Emociones a flor de piel en Pamplona – Carolina y Hector

Pamplona es una de esas ciudades que tiene un «no se qué» que te enamoran. Mucho más allá de los toros, encierros y fiestas patrias varias, las cuales respeto pero en las cuales veo más «turisteo» que otra cosa, Pamplona te ofrece una ciudad preciosa y tranquila donde dan ganas de mudarse a vivir.

Y en esa preciosa ciudad es donde Carol y Hector se casaron, después de dos estupendas prebodas en Madrid (alguna concesión había que hacerle al novio, que es «gato»), en la iglesia de San Lorenzo, concretamente en la capilla de San Fermín, como Dios manda.

Un 7 de Septiembre, como la canción de Mecano, se dieron el sí quiero, ya sabéis, la canción del aniversario ( y que conste que yo no soy demasiado de Mecano, esa es mi mujer, que es muy «flan» de ellos). Así que, chicos, ahora cada 7 de Septiembre os podéis poner la canción de Mecano (si sois fans) a todo trapo y cantar bien alto eso de que «ES NUESTRO ANIVERSAAARIO». Y si no os gusta Mecano da igual, hacedlo igualmente, que así se liberan endorfinas, que son buenas para el amor y para la vida en general.

Podría decir muchas cosas de la boda, pero sin duda si tengo que resumir toda la grandiosa experiencia hacer las fotos en Pamplona diría que ha sido una boda muy divertida y emotiva. Y es que, aunque ya lo comentaba hace poco tiempo en este post, hay momentos donde se desatan las pasiones y, ¡ala! todos a llorar como magdalenas, la novia, la hermana de la novia, la mama de la novia, el fotógrafo de la novia. Un sindios vaya.

Pero este exceso de sentimentalismo se cura con fiesta, mucha fiesta, y en Pamplona estuvimos desde las 6 de la tarde hasta la madrugada dándolo todo, riendo, bebiendo, bailando con amigos y familia, disfrutando y poniéndole a la vida un poco de salero y de ganas, que para eso están las bodas, para disfrutarlas con ganas.

 

 

¿ No quieres amor? ¡ Pues toma dos tazas !

Carol y Hector se habían atrevido ya con la parte más difícil de sus fotos de preboda. Se disfrazaron y nos dimos un paseo por el centro de Madrid, haciendo una preboda «de época», con muchos besos y un regusto alejo muy interesante.

Pero, aunque disfrazarse está bien y es divertido, también había que cumplir con la parte más «tradicional» de la preboda, y de paso, aprovechar para tener unas fotos bonitas que enviarle a mamá y a papá, más allá del intento de imitación de la foto de Doisneau, pero en la Plaza Mayor de Madrid, ya sabeís, donde los «relaxin cups of coffee».

Héctor es de Madrid, así que se conoce el Retiro como la palma de su mano, y decidió llevarnos al Palacio de Cristal, que es un sitio precioso junto a un pequeño estanque, en una zona donde se respira tranquilidad y paz. Después decidimos que ya habíamos tenido mucha paz y que nos íbamos a ir a explorar a la zona de detrás, que es como una pequeña selva en el corazón de Madrid, la verdad es que El Retiro, junto con el Capricho, es uno de mis sitios favoritos para hacer fotos, porque en el mismo recinto encuentras multitud de sitios diferentes con texturas diferentes que te permiten crear fotos realmente especiales.

Carolina esta vez se dejó hacer un poco más, y la verdad es que la queja que más escuché era que «se estaba riendo demasiado». Y eso no puede ser nunca malo.

Hay que reirse más, porque  es la forma que tenemos de encontrarnos con nosotros mismos, de conectar con el que nos reímos, de soltar adrenalina, de mover más de 300 músculos, de soltar endorfínas y de sentirnos vivos.

Así que hoy os invito a que sonriáis, a que os riáis, a que vivais con una sonrisa, que cuesta lo mismo que vivir sin ella (para algo que es gratis y que no pueden ponerle impuestos, habrá que aprovecharlo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi primera publicación en un blog especializado

La verdad es que la entrada de hoy es un poco de autobombo, pero es que no todos los días alguien tan genial como Verónica, creadora y editora de Ideas para Boda, un sitio estupendo que no os podéis perder si os vaís a casar, o si, simplemente eres  como yo y como todos los que vivimos con tanta intensidad todo el «Universo Boda».

El caso es que Verónica se puso en contacto conmigo para hacer una pequeña entrevista a Celia y a Jose Carlos, sobre su boda y sobre todos los pequeños detalles de la misma, y para publicar un post con mis fotos.

No tengo palabras para agradecerle el detalle de fijarse en mi, que digo detalle, ¡DETALLAZO!, y por ser tan agradable, simpática y abierta. Da gusto trabajar con gente así.

Y para Celia y Mus (es que lo de Jose Carlos suena taaaan formal), no puedo decir mucho más de todo lo dicho. Ah si, una cosa, que nos debemos una postboda y que va a ser LA BOMBA.

Os dejo una captura de pantalla del blog de Verónica, visitadla y dadle un poco de «bloglove» que lo vale,¡ y mucho!