
Cuando Fátima me propuso un viaje en el tiempo con ella y Adrián, no me lo pensé dos veces, cogí mi mochila con la cámara y me dispuse a viajar unos pocos siglos atrás.
Para ello nos fuimos al madrileño Parque del Capricho, un pequeño parque museo situado en la Alameda de Osuna, a las afueras de Madrid. Un sitio pintoresco y con un sabor a cuento de hadas especial.
El resto fue cosa de ellos, de Fátima con su eterna sonrisa en todas y cada una de las fotos que le tomé y de Adrián, más reservado que ella pero que sólo tenía que mirarla a ella para que una gran sonrisa ocupara su rostro. Y es que estos chicos se quieren, se quieren como se querían las parejas de antaño, desde dentro, desde el corazón, desde el alma.
Cristina y Luis se conocieron de una forma típica y atípica al mismo tiempo. La parte típica es que ella es amiga de una amigo de Luis, la atípica es que se conocieron durante una sesión de Laser Tag, pegándose tiros el uno al otro.
Pero, como las cosas buenas de la vida, la cosa reposó un tiempo hasta cuajar, pero cuando lo hizo, fue con todas las fuerzas. Y es que Cristina y Luis son así, espontáneos, esponjosos y dulces
.
Cuando Luis me dijo que quería hacer las fotos por la zona del Palacio Real y en los Jardines de Sabatini me gustó la idea del contraste entre el verde de los jardines y la parte más urbana de la zona de Ópera de Madrid, así que allí que nos fuimos, un amor real en un entorno “Real”.
Quería comenzar una serie de posts donde, desde mi humilde y personal punto de vista, comentase y diese algún consejo que a mí me hubiese gustado recibir cuando decidí casarme.
El primero de todos estos posts lo voy a dedicar a la preboda o sesión de novios.

¿Qué es una preboda?
Básicamente, es pasar una sesión donde la pareja, o sea, vosotros y el fotógrafo, se conocen, charlan, él os hace fotos y le perdéis un poco el miedo escénico a la cámara.
Lo normal es que una sesión de este tipo dure entre dos y tres horas, si bien es posible que algunos compañeros las hagan más cortas o más largas o, como mi querido Fran Russo, en varios días.
¿Y dónde se hace?
Eso depende de vosotros y del fotógrafo. Se suelen realizar en sitios que tienen algún significado especial para la pareja o, en el otro extremo, en mitad del campo para evitar miradas indiscretas y así conseguir que los novios se relajen ante la “presión” de la cámara.
Se suele realizar hacia el atardecer ya que, de esta forma, se puede aprovechar la hora azul, donde la luz del atardecer hace que las fotos tengan una tonalidad cálida e íntima, si bien la preboda se puede realizar en cualquier sitio y a cualquier hora.
Lo mejor, como en todo el proceso, es que lo habléis con el fotógrafo y lleguéis a un acuerdo, ya que él os puede aconsejar sobre todos estos temas.
¿Y para qué sirve?
Como he dicho un poco más arriba, básicamente para conocer a vuestro fotógrafo, pero sobre todo, a mí me sirve para preparar la boda, para que los novios no me vean como a un intruso, sino como a alguien más el día de la boda, que no sea esa persona extraña con dos cámaras grandes que va a hacer las fotos de vuestra boda sino uno más en la fiesta, un amigo frente al cual no hace falta posar o reprimir los sentimientos.
Por eso la preboda es tan importante para mí, porque me permite conoceros, “intimar” en cierto modo con mis parejas y establecer un primer punto de unión básico que me va a permitir, el día de la boda, pasearme sin ser alguien ajeno a la celebración.
Además, aparte de ser una primera toma de contacto, sirve para que la pareja tenga unas bonitas fotos juntos, unas fotos donde ellos salgan sin toda la “pompa y boato” de la boda, sino vestidos con su estilo personal.
Muchas parejas me comentan que esas fotos son las que luego colgarán en sus casas o pondrán en los marcos, ya que las fotos de la boda, al final, resultan demasiado “recargadas y artificiales”, ya que, admitámoslo, una novia no suele ir con ese tipo de trajes en su vida corriente.
Otra opción que se les da a los novios es, con las fotos de la preboda, maquetar un álbum de firmas.
¿Qué es un álbum de firmas?
Es un álbum maquetado con las fotos de la preboda, dejando hueco para que tus seres más queridos, el día de la boda, puedan dejarte un recuerdo en forma de dedicatoria o firma. Para este tipo de álbums yo suelo recomendar la página de Blurb donde, con una relación calidad-precio más que aceptable, se puede tener un álbum de firmas estupendo.

Consejos finales:
Como podéis ver, una sesión de preboda es realmente algo más que juntarse una tarde de sábado y hacerse unas fotos bonitas. Puede servir para establecer lazos con vuestro futuro fotógrafo (el cual va a estar “pegado” a vosotros el día de la boda muchas, muchas horas, por lo que no estaría de más que le conocieseis), os puede servir para tener unas fotos profesionales con las que decorar vuestra casa o incluso realizar un álbum de firmas, un detalle original el día de la boda para con vuestros invitados.
Por todo esto yo, en los packs de las bodas, siempre incluyo la preboda, no es negociable, no hay descuento si la quitas, no hay opción a “deshacerse” de ella. Me parece una forma genial y estupenda de conocernos y de ver qué expectativas tenéis sobre vuestras fotos y, sobre todo, una forma de que el día de la boda no me miréis de reojo y os preguntéis ¿Y ése, quién es?.
No obstante, si os quedáis con dudas o queréis preguntarme cualquier cosa, escribidme un correo a victor@victorsaboya.com o usad el formulario de la página de contacto. Estaré encantado de poder resolverlas todas
Cuando Luís me llamó y me dijo que quería regalarle a Cristina, su chica, una sesión de pareja, supe que iba a ser algo realmente memorable, así que cogí todos mis bártulos y recorrí el camino Guadalajara – Madrid pensando en los mil y un recovecos que existen en los Jardines de Sabatini para hacer unas buenas fotos. Aquí os dejo un previo de la sesión… ¡disfrutadla!
Támara contactó conmigo muy emocionada por tener unas fotos con su chico, Carlos, ya que, aunque no eran novatos en esto de la fotografía y tenían experiencia delante de los objetivos, la misma había sido en estudio, donde todo está mucho más controlado y medido.
Así que quedé con ellos en el Parque de Enrique Tierno Galván, también conocido como el parque del Planetario, un parque que han remodelado hace poco y que realmente merece la pena visitar, de amplios caminos y cuestas de hierba donde pasar una tarde agradable.
Tras media hora de paseo y un poco de charla acerca de sus anteriores experiencias fotográficas, Tamara y Carlos se dejaron “querer” por mi cámara, y sobre todo, me mostraron su “querer”. Muchas gracias chicos, por la tarde y la experiencia.
Cuando Verónica, la mamá de Iker, me llamó para que hablase con su cuñada Davinia acerca de las fotos de su boda algo hizo “clac” dentro de mí. Y es que aunque ya me había “estrenado” en esto del mundo de las bodas, el ir de primer fotógrafo era todo un reto, y , por que no decirlo, un pequeño gran abismo a superar.
Asi que, armado con todo el coraje que tenía guardado para ese momento me presenté en la cita para hablar de lo que tanto Davinia como Miguel querían para el día de su boda. Quedamos en un bar y empezamos a charlar, y ahí fue donde me dí cuenta de que tanto Davinia como Miguel eran dos personas sencillas que simplemente, se querían. Dos personas que llevaban mucho tiempo viviendo juntos, compartiendo una vida y dos pequeños trastos que revoloteaban mientras nosotros nos tomábamos algo y charlábamos acerca del vestido de Davinia o del trabajo de Miguel.
Asi que, un par de citas con ellos después y habiéndo engañado a mi querida Adriana Morett para que se viniese conmigo como segunda fotógrafa nos fuimos dispuestos a darlo todo en la boda de esta encantadora pareja alcarreña. Y no nos fue nada dificil hacerlo, ya que tanto la familia de ella como la de él nos acogieron desde el primer momento, ¡incluso nos sentaron a la mesa con ellos para comer!.
Y tras un largo día de nervios, fotos y fiesta por los cuatro costados, Adriana y yo nos retiramos a nuestras casas, felices, contentos y cansados físicamente pero emocionados mentalmente por haber tenido el placer de recoger para siempre algunos momentos de ese día tan importante para Davinia y Miguel.
¡Va por vosotros chicos!
La primera vez de todo marca mucho, demasiado diría yo.
Y en el tema de las bodas no es una excepción. Mi primera boda fue en Madrid, con el gran Luis Masyebra como “master and commander” de todo esto. Luis me llamó un jueves por la noche y me dijo, ¿Que haces este sábado?, y a partir de ahí fue todo un torbellino de sucesos, ir a por una cámara compatible con los objetivos de Luis (él dispara Nikon y yo disparaba en Canon), buscar la ropa adecuada, asegurarme de donde era el sitio de la boda, sincronizar relojes, coger tarjetas de memoria como para una boda…
Y allí que me fuí, con mas miedo y vergüenza de la que creía tener y me presenté en casa de una pareja realmente encantadora y adorable, Javier y Amaya, en la que fue mi primer boda, muy muy especial por lo precioso de la ceremonia, por su amor que se palpaba en el ambiente y por tener una familia a la que es imposible no querer. Con especial mención a Amparo, la hermana de Javier, con la que el destino quiso volver a jutnarme un tiempo más tarde en otro lugar diferente reodeados de otra gente diferente.
Saqué muchas cosas en claro de la boda, mis limites mentales, físicos y los limites de mi equipamiento, de lo importante y lo despreciable, de lo dificil y lo menos dificil de este bonito negocio que es la fotografía de bodas, y por todas ellas le doy las gracias enórmemente a Luis Masyebra y, como no, a Amaya y a Javier, por dejarme compartir con ellos un trocito del día más feliz de su vida.
Cuando un trabajo de calidad se presenta en un formato elegante, el sentimiento de entregar un buen trabajo acorde a las expectativas de mis clientes es muy gratificante.
Por eso cuando comencé con la idea de empezar en el mundo de las bodas, parte de mis esfuerzos se centraron en encontrar una forma de entregar mi trabajo donde se reflejase el mimo y el cuidado con el que voy a tratar el recuerdo de un día tan especial.
Así que, tras mucho buscar, encontré, mediante mi amiga Carla, un “packaging” (como dicen los ingleses) a la altura de las circunstancias.
Básicamente, consiste en una caja para los DVD’s realizada con materiales naturales con diferentes acabados y para hacer única vuestra experiencia, el DVD donde estarán las fotos de vuestra boda está personalizado con una de las fotos, la que más os guste, vuestros nombres y el día de vuestro enlace.